Reflexiones sobre el acto inaugural de la iniciativa 30-20-30 México.

En Redescultura nos interesa vincular opiniones desde todos los espacios de construcción sobre  los contextos y tematicas  que  abordan  los temás de políticas públicas , juventudes , derechos humanos y cultura ,por tanto este espacio es construcción colectiva  y en esta ocasión les dejamos con la seguiente reflexión .

Reflexiones sobre el acto inaugural de la iniciativa  30-20-30 México.

Dra. Jahel López

Dra. Marcela Meneses

Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades

Universidad Nacional Autónoma de México

El día miércoles 12 de agosto de 2015, fuimos invitadas a la inauguración de las actividades que se llevarán a cabo en México por la conmemoración del 30 aniversario del Día Internacional de la Juventud y 20 años del establecimiento del Programa de Acción Mundial para la Juventud. Dichas actividades conmemorativas serán organizadas por el Seminario de Investigación en Juventud de la Universidad Nacional Autónoma de México, el Fondo de Población de las Naciones Unidas y el Instituto Mexicano de la Juventud.

La ceremonia de inauguración dejó entrever una concepción institucional sobre las y los jóvenes, lo juvenil y las juventudes, cargada de estereotipos, etiquetas, lugares comunes y folclor. El evento inició con un recorrido por la historia oficial, en la que se trató de mostrar la manera en que los jóvenes aparecen en los hechos y procesos ocurridos en los últimos 30 años en México, haciendo a un lado la participación activa, plural, diversa, compleja y contradictoria que han tenido en la construcción de los procesos políticos, económicos, culturales y sociales, sin reconocerles como sujetos históricos, actores protagónicos y mucho menos como sujetos políticos.

El resultado: el relato de una historia reiterativa, centrada en la experiencia masculina de los jóvenes urbanos, institucionalizados, legitimados, “exitosos”, cooptados, que deriva en la reproducción de estereotipos: los rebeldes, los solidarios, los revolucionarios, los estudiantes, la promesa del futuro; a los que se añadieron estereotipos más novedosos: los creativos y los emprendedores. Todo ello en un ambiente de espectáculo o algo muy parecido a un festival escolar, en el que algunos jóvenes aparecían en rededor como edecanes siguiendo un guion preestablecido; otros haciendo malabares, bailando, tocando y cantando rock, rap, hip hop; hubo finalmente tres oradores (dos de ellos expresaron sentirse extrañados por encontrarse en medio de este montaje escénico) que en su discurso destacaron los mismos momentos y las mismas formas de “aparición” de los jóvenes mexicanos en la historia de los últimos 30 años: el terremoto
de 1985 en la ciudad de México, las huelgas estudiantiles y las crisis económicas de las décadas de 1980 y 1990, el levantamiento zapatista, el repunte de las industrias culturales y de comunicación, hasta llegar a la irrupción de la internet y las redes sociales.

Participamos de un evento académico-gubernamental en el que se arrastra un discurso decimonónico sobre quiénes, qué hacen y cómo son los jóvenes, basado a su vez en una historia oficialista y hegemónica sobre su condición social que los coloca como un grupo subalterno en la construcción del Estado nación y la democracia, de ninguna manera como un sujeto social yproductor de cultura.

Olvidado u omitido fue el contexto actual de violencia en el que los jóvenes tienen un papel protagónico como víctimas y victimarios de las muertes violentas, las desapariciones y desplazamientos forzados y las actividades ilícitas; ausentes estuvieron los jóvenes que no logran el acceso a las instituciones educativas o que desertan de ellas, los jóvenes sin acceso al empleo y trabajo digno, los jóvenes desconectados de los avances tecnológicos, los jóvenes no urbanizados.
No se habló de las condiciones que les impiden y obstaculizan el derecho a salud, el ejercicio de la sexualidad, la adquisición de vivienda y el derecho al goce y a la recreación.

El discurso de la diversidad perdió terreno todo el tiempo frente a la propensión por homogeneizar lo juvenil. Se nombró, claro, a los jóvenes indígenas, la diversidad sexual y a las mujeres jóvenes, pero con ese dejo de que género, clase y etnia son solo variables y no categorías clasificatorias que se concatenan y sintetizan en la condición y en la experiencia de ser jóvenes.

En suma, el evento inaugural de los 30 años del Día Internacional de la Juventud se centró en el montaje de un espectáculo y no en la trascendencia de esta conmemoración para el avance en la construcción de los jóvenes como sujetos de derecho y actores políticos, con base en la pluralidad y diversidad que les caracteriza. Consideramos fundamental que el Estado mexicano, las instituciones que tienen por materia el trabajo con y para las juventudes, la sociedad en su conjunto, así como las y los jóvenes mismos, asumamos la responsabilidad de identificar de manera crítica los avances, pero sobre todo las carencias, obstáculos y limitaciones que impiden que los jóvenes ejerzan plenamente sus derechos dentro de un ambiente democrático, de igualdad, de respeto y, de manera apremiante, de libertad y seguridad.

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